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¿Soy un hijo del dolor?

Al enfrentarnos con la realidad de la vida y analizar nuestro pasado y ver lo que un ser humano vivió, nos podemos hacer esa pregunta.

Muchas veces nuestra mente nos esconde en lo más profundo situaciones que nos marcaron y nos duele, en muchas ocasiones es revestida con bellas situaciones, un mecanismo de auto defensa. Recuerdo una ocasión, sosteniendo una plática con una mujer mayor, me indicaba lo feliz que había sido en su niñez y lo feliz que era en su dormitorio (enfatizó). Decidí profundizar en aquello que me había llamado la atención, al cabo de unos minutos la persona lloraba recordando lo horrible que era para ella pasar horas "presa" o "cautiva" en aquel dormitorio.

Me contaba que salía de su dormitorio y le indicaba a su madre el interés en ayudarle a cocinar; que desagradable sorpresa para la niña cuando su madre le decía, "tu eres muy pequeña para estar en la cocina, ¡vete a tu dormitorio!". Ella se iba cabizbaja, triste, pues su sueño de ayudar a mamá constantemente era encerrado, era tronchado.

Al final, esta misma mujer me confesó el dolor que le provocaba recordar ese pasado. Posiblemente usted esté reviviendo en este instante una mezcla de coraje, frustración y venganza. Esta novela "Los hijos del dolor" le ayudará a identificar sus raíces de amargura, momentos de frustración ante un actual o futuro hijo. Recuerde siempre, ese libro vino con sus páginas en blanco, nosotros las estamos escribiendo.

Si algo de lo que lees en esta novela te perturba o te estremece busca ayuda profesional, de esta forma evitaremos replicar en nuestras vida, lo ocurrido en la vida de John Henry "El Chino" Millán.